Advierten que un El Niño extremo podría inundar 3 millones de hectáreas en Corrientes
La provincia de Corrientes podría enfrentar la inundación de más de tres millones de hectáreas si se repitiera un fenómeno de El Niño de intensidad similar al registrado entre 1997 y 1998, uno de los más extremos de las últimas décadas. Así lo advierten investigadores del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) Corrientes en un reciente informe que busca servir como escenario de referencia para la planificación preventiva.
El estudio, elaborado por Ditmar B. Kurtz, Griselda I. Saucedo, Carolina Fernández López y Alba R. Perucca, integrantes del Grupo de Recursos Naturales de la Estación Experimental Agropecuaria Corrientes, evaluó la superficie potencialmente afectable por excesos hídricos. La investigación utiliza como antecedente el impacto que tuvo el evento de El Niño de 1997-1998 sobre el territorio correntino, sin que esto constituya una predicción de ocurrencia futura.
La llegada de El Niño y sus efectos
El fenómeno El Niño-Oscilación del Sur (ENOS) es un patrón climático que se origina por cambios en la temperatura de las aguas del océano Pacífico tropical. En su fase cálida, suele provocar precipitaciones superiores a lo normal en el litoral norte argentino. En Corrientes, estas condiciones favorecen la aparición de anegamientos, inundaciones y la expansión de cuerpos de agua, afectando tanto a centros urbanos como a la producción agropecuaria.
Según el informe, a mediados de mayo de 2026, el Pacífico ecuatorial mostraba una rápida transición hacia condiciones compatibles con El Niño. Los pronósticos internacionales del CCSR/IRI otorgaban una probabilidad del 98% de ocurrencia del fenómeno entre mayo y julio de 2026 y probabilidades igualmente elevadas para el resto del año y el verano 2026-2027. No obstante, los investigadores remarcan que los pronósticos de largo plazo conservan cierto grado de incertidumbre y requieren un seguimiento permanente.
Dimensionando el impacto en Corrientes
Para dimensionar los posibles efectos, los especialistas compararon imágenes satelitales obtenidas durante el evento extremo de 1997-1998 con registros correspondientes a abril de 2026. El análisis abarcó cerca de nueve millones de hectáreas, la totalidad del territorio provincial.
Los datos históricos muestran la magnitud que puede alcanzar el fenómeno. Mientras el promedio anual de precipitaciones en Corrientes oscila entre los 1.200 y 1.500 milímetros, durante el ciclo 1997-1998 se registraron acumulados de entre 2.000 y 2.900 milímetros. En algunas zonas, las lluvias llegaron a incrementarse entre un 50% y un 90% respecto de los valores habituales. Como consecuencia, durante abril y mayo de 1998, alrededor del 58% de la superficie provincial se encontraba cubierta por agua. En contraste, en abril de 2026 la cobertura hídrica rondaba el 20%, reflejando una marcada retracción de lagunas, esteros y bañados.
Los investigadores advierten que esta situación actual no implica una disminución permanente del riesgo. Por el contrario, revela la existencia de una amplia superficie que podría volver a inundarse ante precipitaciones extraordinarias. El análisis estima que, si se registrara un evento comparable al de 1997-1998, más de tres millones de hectáreas actualmente libres de agua podrían verse afectadas por la expansión hídrica.
Departamentos más vulnerables y recomendaciones
Los departamentos que presentarían los mayores incrementos potenciales de superficie inundada son San Martín, con 368.906 hectáreas; Goya, con 273.086; Esquina, con 244.615; Ituzaingó, con 238.006; Mercedes, con 188.960; Concepción, con 166.152; Curuzú Cuatiá, con 165.754; y San Luis del Palmar, con 162.183 hectáreas.
El informe destaca la vulnerabilidad de los departamentos vinculados al sistema Iberá, como Ituzaingó y Concepción, así como Goya, Esquina y San Martín. En estas zonas, la combinación de lluvias intensas, relieve llano y baja permeabilidad de los suelos podría favorecer la expansión de esteros y bañados, afectar caminos rurales, comprometer infraestructura productiva y generar inconvenientes en áreas pobladas ubicadas en sectores bajos.
Los resultados deben interpretarse como una referencia para la planificación preventiva y no como una proyección segura de ocurrencia futura.
Los autores subrayan que el objetivo del estudio no es predecir un escenario futuro, sino ofrecer una herramienta para la gestión del riesgo. En ese sentido, recomiendan fortalecer los sistemas de monitoreo, alerta temprana y seguimiento mediante imágenes satelitales, además de desarrollar planes de contingencia en las áreas identificadas como más sensibles. La información, agregan los investigadores, busca aportar elementos que permitan anticipar medidas de mitigación, proteger infraestructura estratégica y reducir las pérdidas económicas y sociales asociadas a eventos climáticos extremos.
